LA FELICIDAD DEL HOMBRE...

"En el amor no hay temor y el que teme no es perfecto en el amor" lo dice San Juan en el Evangelio (4.18)

 

"Es mas el descontrol del propio psiquismo que su realidad personal lo que causa desdicha" nos dice Sergio Peña y Lillo.

 

La felicidad es el estado con natural del hombre y la condición mas radical de su normalidad. Es decir, la normalidad no consiste solo en la ausencia de padecimientos corporales o psíquicos, sino que implica una particular armonía del funcionamiento orgánico y creativo de la personalidad. Es en esa normalidad que el hombre satisface sus necesidades mas íntimas y realiza su proyecto original, lo que se traduce en alegría de vivir y felicidad.  Es que, como dice Unamuno: "el hombre mas que un animal racional, es un animal sentimental". Solo el hombre es auto conciente de su experiencia anímica y el único capaz de conocer sus sentimientos, de expresar su alegría y su dolor. 

 

En nuestra experiencia el verdadero contrapunto de la felicidad no es la desdicha o la aflicción sino el miedo. Pero es la dicha la que se contrapone a la desdicha y lo opuesto al miedo es la valentía y el valor no consiste en la ausencia de miedo sino en su vencimiento. No es valentía la que experimenta un niño al entrar a la cueva del leopardo ... pero sí, la actitud del padre que entra a rescatarlo. Lo que sí ocurre es que el miedo y sus actitudes subyacentes son la raíz genética de la infelicidad ya que es el temor el que bloquea los impulsos espontáneos de la voluntad y lo que en definitiva impide la realización plena y feliz de la vida humana.  El temor, como experiencia sicológica normal, presupone siempre ciertas percepciones falsas de la realidad que configuran una especie de conciencia equivocada, que es la responsable de la infelicidad. Estas actitudes que subyacen al temor pueden esquematizarse en 4 grupos fundamentales que pueden ser:  1. La anticipación imaginaria  2. La contaminación del presente con el pasado  3. La resistencia al sufrimiento  4. El deseo y la ambición.  Estos grupos de actitudes humanas las detalla perfectamente Sergio Peña y Lillo en su ensayo "El Temor y La Felicidad". 

 

Muchas personas creen que la felicidad es como una sumatoria de gustos. Mientras mas gustos satisfaga en mi existencia, mayor felicidad sentiré. Mas esto parece muy lejano a la realidad, el gusto tiene carácter temporal, efímero y fugaz. ¿Cuanto mide el gusto?.   Flecte sus dedos pulgar e índice formando una C, esa es la dimensión del gusto, desde el índice al pulgar. Lleve esta "C" para marcar desde su boca hasta la garganta. No es mayor el gusto que puede brindar la ingesta de lo mas rico que le pueda gustar a usted. (un pastel, un caramelo, un chocolate). Después de ahí el gusto se transforma en un problema (digerir, asimilar y eliminar) semejante descripción puede sonar caricaturesca para algunos .. pero entraña cierta verdad y nos sirve para reflexionar.  Entonces la búsqueda de la felicidad debe estar por las cosas que perduren mas, que trasciendan, permanentes en el tiempo. Y ¿Cuales podrían ser éstas?. Se cree que puede estar en las realizaciones personales. Todos hemos escuchado o hemos expresado. "Yo me realizo haciendo esto o aquello". ¿Qué realizo? podría preguntarme. Lo que yo realizo es parte importante de mi plan de vida. Ese plan que tácito o explícito voy realizando durante mi existencia y que tienen mas o menos este orden: 1. Terminar mis estudios primarios, luego secundarios y profesionales. 2. La primera comunión, el pololeo, el matrimonio, ..., los hijos, .. los nietos, etc. Son realizaciones trascendentes y que perduran toda la vida. Porque me preparo profesionalmente para toda la vida, se tiene un hijo para toda la vida, me caso con ella(él) para toda la vida. Son logros que verdaderamente plenifican la existencia humana, no solo la llenan. Es que solo experimentando la felicidad en esta vida puedo prospectar la felicidad prometida y entusiasmarme con ella.

Leída ya toda esta literatura puedo evidenciar las palabras de Sergio Peña y Lillo, cuando nos decía que la "normalidad implica una particular armonía del funcionamiento orgánico y creativo de la personalidad": planificaré el resto de mi existencia terrena para percibir aquella plenitud de vida.

 

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